Confinamiento contradictorio / Juan Mariano Pérez Abad *

Sea por lo que sea, la infección por coronavirus está perdiendo su fuerza. Será el calor, será porque sabemos tratarlo mejor, será porque con los ciclos reproductivos el virus está perdiendo las mutaciones (naturales o artificiales) que lo convirtieron en un asesino, pero el hecho está ahí: a pesar del goteo de nuevos rebrotes, las UCIs no se llenan, las morgues siguen vacías, ya no están cayendo ni jóvenes ni mayores.

No se trata de que ya no haya nuevos contagios. Todo lo contrario, estamos en pleno rebrote y cada día aparecen más y más nuevos casos. Muchos de ellos son asintomáticos y sabemos que lo tienen tan solo porque dan positivo en los análisis. 

Los cirujanos no entendemos de epidemias porque no se operan los virus, pero sí que tenemos una receta infalible para momentos como estos: “Si el paciente no tiene un problema, no intentes arreglárselo”.

Como ya estamos tan saturados de información, todos conocemos que la inmunidad alcoronavirus es como la del sarampión y que, salvo raras excepciones, solo se pasa una vez.

¡Qué momento tan oportuno para contagiarse! Ahora que no mata, ahora que en muchos pacientes ni siquiera produce síntomas, ahora que en los hospitales ya saben manejarla… Sería como vacunarse de forma natural, con un virus que se ha atenuado por sí solo y, en estos momentos, no es peligroso.

Nos evitaría la necesidad de vacunas artificiales, con sus miedos, sus riesgos sus polémicas, sus chips… Nos evitaría un nuevo gastazo en favor de las multinacionales farmacéuticas. Nos evitaría hundirnos aún más en la ruina a causa de nuevos confinamientos, de pánicos colectivos, de recelos mutuos y de conflictos sociales.

España no ha destacado por su buena gestión de la epidemia del coronavirus, sino todo lo contrario. Hemos sido testigos de la instrumentalización política del Estado de Alarma, de las medidas de protección, de la información a la opinión pública y hasta de los muertos.

Ha habido muchos errores e incontables casos de corrupción en las compras de material sanitario. Todo eso nos ha llevado al record mundial en tasa de mortalidad por habitante.

Manipulando abiertamente la información que recibimos, nos han llevado a un estado de pánico colectivo que no tiene sentido. Quisiera pensar que lo dicen por error, que tan solo se trata de la torpeza de nuestros políticos, de esa lengua que tienen tan poco prudente y esa cabeza tan poco instruida. 

Nos están dando a entender que nos van a llevar de cabeza a nuevo un nuevo confinamiento. De momento, ya nos han obligado a llevar mascarilla aun cuando andemos por la calle vacía solitos. Quisiera pensar que este error no es intencionado, que no es para buscar su provecho, que no es para buscar nuestra ruina.

¿Conspiranoico? ¡Tal vez! Pero no permitiré que me vacunen. Que me dejen contagiarme ahora que ya nadie se muere, antes de que nos fumiguen de nuevo con una nueva remesa de virus fresco o de que llegue el invierno o de que, por lo que fuera, volviera a ser peligroso.



(*) Médico cirujano español

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